Cada día, desde un inicio perdido en la memoria, sin faltar a su cita, la pleamar viene a limpiar esa arena y dejar otra nueva que llega con la espuma y la sal, para que las gaviotas revoloteen buscando el sustento y, quién sabe, el juego sin fin.
Para que tú lo contemples, despacio y cómodo, hasta rabiar por entrometerte en los ciclos hermosos de cada día.
Te has quedado atrapado en una playa asturiana sin pensar que el tiempo, más allá de los acantilados, discurre con grosería ajeno a ti.
Porque una playa en Asturias es la prolongación del vicioso placer contemplativo. El placer de estar, a secas.
Irremediablemente, las playas de Asturias esconden y protegen tu sosiego y ensoñación. ¿Lo habías notado? |